sábado, 5 de octubre de 2013

Un camino entre valles y rios.

Entre valles y ríos, a la sombra de las montañas continuamos el camino….


Aún teníamos por delante varios días de marcha, largos días de subidas y bajadas.
Continuaba caminando acompañada, pero sola.
La mayor parte del tiempo, caminaba a cierta distancia de mis compañeros.
Me gusta caminar en silencio.
Un día comencé a pensar que este viaje me está convirtiendo en una persona tremendamente solitaria… 


Días de profundo silencio y gran contemplación.
Tardes de risas, juegos y confidencias con desconocidos que se vuelven grandes compañeros.
Noches de estrellas, frío, murmullos tras paredes de papel y más risas…



El primer día, tuve ganas de llorar. Era un llanto mental, de responsabilidad conmigo misma. 
Llanto de respeto a mis sueños…
En Poon Hill, lloré de de emoción…
En el momento en el que tuve Chuile a la vista, después de más dos horas bajando fuertes pendientes, aparecieron en mis ojos las lágrimas de un llanto de dolor.

Aquel día, creo que fue el primer día de mi vida en el que lloraba de dolor físico…
Jamás había sentido un dolor tan intenso en las rodillas. Parecía que no podría continuar caminando… Distaba menos de 200 metros de la casita donde esperábamos dormir y me parecieron los 200 metros más largos del mundo… 
Aún faltaban días para llegar al Campo Base!!! Y el llanto físico se mezcló de nuevo con el llanto de responsabilidad con mis sueños y con el llanto de emoción al recibir un abrazo de un compañero…

* Jamás negaré que tengo una gran facilidad para que se me escapen lagrimillas… la mayoría, de emoción.  Yo digo que son “lloradas bonitas”…*

 

Continuamos caminando. Subiendo y bajando para subir aún más alto…
En una gran intersección, nos despedimos de dos compañeros, que regresarían antes de llegar al Campo Base…
En teoría, sólo dos llegaríamos al Santuario de los  Annapurna…
Caminábamos solas Katie y yo.



La mañana que debíamos llegar al campo base fue una de las más emocionantes…
Sería un día muy corto. Sólo el MBC (Machhapuchhre Base Camp) nos separaba del ABC (Annapurna Base Camp).
Nos despertamos al alba y comenzamos a caminar...
Antes de medio día deberíamos estar en el ABC!!!

Pero llegamos al MBC a las siete de la mañana…y allí se acabó nuestra jornada.
Encontramos a un par de compañeros con los que coincidíamos cada noche desde hacía unos días.
Patrick comenzaba a “sufrir” su mal de alturas… Desayunamos con ellos y yo empecé a “disfrutar” de mi mal de alturas…
Sentía exactamente lo mismo que se siente cuanto bebes esa copa de vino, que es “la copa de más”…
Con sueño, mareada y con una risa incontinente y pegajosa, decidimos pasar el día en esa estación junto a Patrick y Suman…


Sin haberlo planeado, pasamos el día entero bajo el sol y frente al Machhapuchhre.
Y sin poder evitarlo y recordando al taxista que me acercó a mi sueño, comencé a tararear aquel “those were the best days of my life…”…

Porque Machhapuchhre, es el FISH TAIL!!!!!
Aquel Fish Tail que, unos días atrás, las nubes no nos dejaban ver al salir de cada curva en aquel coche destartalado…


Día de ginger lemon tea y garlic soup…
Día de invenciones disparatadas, fruto de la borrachera de felicidad y altura….
Día de risas y compañerismo… 
Tanto cariño…
  
La siguiente, sería la mañana en la que llegaríamos a nuestra meta: el Santuario del Annapurna.
Estando tan cerca, intentaríamos llegar para ver amanecer desde allí.


Era aún noche cerrada y helada cuando comenzamos a caminar.
Volvíamos a ser cuatro, pero esta vez, la altura nos hacía tener ritmos totalmente diferentes…
En medio de aquel inmenso valle rocoso, sólo iluminados por nuestros frontales hicimos la última parada juntos.
Estábamos muy cerca y no había ningún peligro. Desde allí cada uno caminaría en solitario.

Antes de dormir había encontrado en un recoveco de mi mochila la última chocolatina…
Refugiados tras una roca inmensa, que nos protegía por un momento del viento, repartimos aquella última chocolatina…
Sin pronunciar una palabra, se iluminó la mirada de aquellos que no esperaban un trocito de chocolate de “Buenos días!!! - hoy será El Día”…
Y continuamos camino hasta separarnos.
   

De nuevo, caminaba sola.
Hubo días en los que subimos pendientes realmente pronunciadas y pasamos grandes desniveles, sin embargo, a más de 4.000m, en aquella ligera ascensión, cada paso se me hacía más pesado…

¿Cómo sería el lugar con el que tanto había soñado?
No podía creer que finalmente hubiera logrado llegar hasta allí…
No podía dejar de estar agradecida de poder estar allí…
Una vez más, era yo la privilegiada de poder caminar entre aquellas montañas.

Ese día, cumpliría un sueño…

Miraba el suelo, intentando no perder un camino poco dibujado en la oscuridad.
Suelo helado junto a un hilo de agua congelada.

Qué impresión cuando alcé la mirada y descubrí que ya podía ver la lucecita que iluminaba el refugio del campo base.

 Se me paralizó el corazón.
Deseaba llegar.
Pero llegar significaba algo tan inmenso para mí que me daba miedo.


Constantemente cumplimos sueños, pero en la “vida normal”, muchas veces ni nos damos cuenta…
Cuantas veces deseamos algo con gran intensidad durante mucho tiempo… y el día que al fin cumplimos nuestro objetivo, no somos conscientes del logro…
Cumplimos sueños sin darnos cuenta!!!...
y seguimos pensando que hay otros que cumplen sus sueños y nosotros no…


Yo sabía que estaba a muy poca distancia de un Gran Sueño.
Estaba tan cerca de llegar a aquel lugar que tantas veces había imaginado…
Tan cerca de cumplir un sueño que siempre había creído un  imposible…
Un sueño que tanto esfuerzo me había costado.
Me costó un esfuerzo físico enorme llegar allí: yo no soy una gran deportista y antes de empezar a caminar había pasado diez días sentada sin moverme y sin apenas comer…
Me costó un aún mayor esfuerzo mental: “Continúa”. “Si no puedes hablar, sonríe”. “No mires atrás, sólo mira hacia adelante”. “No puedes abandonar porque te esperen días de gran dureza”. “El dolor es impermanente”. “Sonríe a quien te encuentres”…


Y allí, a tan poca distancia de ver amanecer en el lugar de mis sueños, me senté en una piedra.
En esa piedra fui consciente de que llegar al Santuario de los Annapurna no era hacer realidad mi sueño…
Llevaba veinte años haciendo realidad aquel sueño!!!!!
Y no me había dado cuenta!!!

Me adelantó un sherpa y me dijo: “te queda muy poquito para llegar y ver amanecer desde arriba… ¿te llevo la mochila y vas más rápida?”.
Sólo pude sonreírle y con un ligero movimiento de cabeza decirle que no era necesario…

Cuando aquel sherpa se giró y continuó… Comencé a llorar de emoción.

Tan agradecida por haber podido llegar hasta allí…
Tan agradecida por siempre encontrar en mi camino a las personas indicadas en el momento indicado...

Tan agradecida por compartir la vida con quienes siempre apoyan mis sueños y locuras…
Tan agradecida por estar viva ese día y en ese lugar; por ser una privilegiada…
Agradecida por haber encontrado aquella pareja en Vietnam que me habló de “su aventura”; por encontrarme aquel brasileño en Laos que me regaló un mapa de Nepal; por aquella conversación en un tren en Kanchanabury donde un “veterano de las montañas” me hizo ilusionar y me explicó qué debía meter en mi mochila para subir…

Tan agradecida porque cuando “se me ocurrió” intentar hacer real mi sueño, a miles de kilómetros de distancia, desde casa me dijeron:
“Nepal? Annapurna Sanctuary?. ADELANTE!!!!........ espera que miro en el mapa eso exactamente dónde queda!!......”
(……….y tras un minuto de silencio y unos pocos clicks en google……….)

“Wow!! Es increíble!!  Ese lugar es mágico!!! Sí!   Sí!……. TIENES QUE IR!!!”.  


Triplicáis mi ilusión en cada una de las aventuras y retos que me propongo.
Viajáis conmigo!!


Sola, sentada al borde de un caminito desdibujado, aquel día vi amanecer desde el valle de mis sueños…