jueves, 15 de agosto de 2013

Comenzando a caminar...


Empezamos a caminar con energía y entusiasmo.
Sólo unas horas después, en medio de unas escaleras de piedras que parecían no tener fin, mi sueño estaba cada vez más lejano…
No estaba preparada para este reto…

Tras cada curva, más escaleras…

Un sueño tan cerca…. Y tan lejos….

“Quizás tú nunca puedas llegar a un lugar tan lejano…” comencé a pensar cuando sentí que pronto empezaría a llorar.

Miré hacia arriba, para evitar encontrarme con mis lágrimas y mi mirada se encontró con la de Katie. Energética y sonriente. Me hizo reír verla tan fresca, mientras yo pensaba que moriría en esas escaleras.



Jamás olvidaré ese instante. Fue la primera vez de muchas en que la encontraría, con su mochila verde, siempre sonriente, trasmitiendo pura energía y confianza.
Primer día, en el que una joven desconocida se convirtió en la mejor compañera de camino…
Siempre, al final de la escalera verás a alguien que llegó antes que tú y demuestra que ES POSIBLE!
**** No olvides nunca, cuando llegues al final de tu escalera, mirar atrás...
Quizás encuentres a alguien que necesita ver que tú has llegado!! ****


Tampoco olvidaré cómo, tras el último tramo de escalera, a lo lejos casi apenas podía ver a Jessi que gritaba: “Hot water is waiting for you, baby!!!!”.

Se puso el sol temprano y casi con el sol, fuimos a dormir.
Noche de reflexión y descanso.

Primer amanecer.
Primer desayuno entre montañas.
Primera mañana en la que descubres que la ropa NO se seca durante la noche.
Massala tea.
Sol.
Frescor matinal, gallinas y más escaleras…


Caminamos durante horas.
Tranquilas, confiadas…

Me gusta caminar sola, en silencio. Sólo acompañada de mis pensamientos.

Miraba caminar a Katie frente a mí.
Ella conversaba con alguien cuando la vi resbalar y casi desaparecer en un barranco.
Se me paralizó el corazón.
Jamás en mi vida corrí tan rápido y nunca me descargué la mochila a tal velocidad….
Sólo fue un susto que nos dejó aún más en silencio.
Me hizo ser aún más consciente de los peligros que la montaña puede esconder en el lugar más simple…
Sólo es necesario un pie mal ubicado en una roca que no es roca para recordarte dónde estás.
No es un juego.

La montaña merece su respeto.

Respetaba a la montaña, pero aprendí a hacerlo con mayor intensidad…
Desde entonces, cada mañana, mientras me ponía los zapatos hablaba con la montaña.
Le pedía permiso para caminarla.
Le prometía respeto.

No creí, sólo 2 días atrás, que fuera a crear un vínculo tan fuerte con una desconocida que caminaba unos pasos por delante de mí.
Lloré a solas cuando volví a tener a una pálida Katie caminando frente a mí.

Desde aquel día, de cuando en cuando, dejaba a un lado mis pensamientos y como si de un mantra se tratara, gritaba: “Katie, INSIDE!” o “There are 2 path: inside and outside…. Please, walk INSIDE!” (“hay dos caminos: dentro y fuera… por favor, camina dentro!”).
Me valió convertirme en su  “Mami de las montañas”…


La segunda noche de trek, la pasamos en Gorepani.
Esperábamos ansiosos la aventura de la mañana siguiente.
Subiríamos al amanecer hasta Poon Hill, desde donde podríamos ver todas las montañas. Desde allí, veríamos  hacia dónde nos dirigíamos.

Noche de nubes, estrellas, rayos y relámpagos…

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