sábado, 5 de octubre de 2013

Un camino entre valles y rios.

Entre valles y ríos, a la sombra de las montañas continuamos el camino….


Aún teníamos por delante varios días de marcha, largos días de subidas y bajadas.
Continuaba caminando acompañada, pero sola.
La mayor parte del tiempo, caminaba a cierta distancia de mis compañeros.
Me gusta caminar en silencio.
Un día comencé a pensar que este viaje me está convirtiendo en una persona tremendamente solitaria… 


Días de profundo silencio y gran contemplación.
Tardes de risas, juegos y confidencias con desconocidos que se vuelven grandes compañeros.
Noches de estrellas, frío, murmullos tras paredes de papel y más risas…



El primer día, tuve ganas de llorar. Era un llanto mental, de responsabilidad conmigo misma. 
Llanto de respeto a mis sueños…
En Poon Hill, lloré de de emoción…
En el momento en el que tuve Chuile a la vista, después de más dos horas bajando fuertes pendientes, aparecieron en mis ojos las lágrimas de un llanto de dolor.

Aquel día, creo que fue el primer día de mi vida en el que lloraba de dolor físico…
Jamás había sentido un dolor tan intenso en las rodillas. Parecía que no podría continuar caminando… Distaba menos de 200 metros de la casita donde esperábamos dormir y me parecieron los 200 metros más largos del mundo… 
Aún faltaban días para llegar al Campo Base!!! Y el llanto físico se mezcló de nuevo con el llanto de responsabilidad con mis sueños y con el llanto de emoción al recibir un abrazo de un compañero…

* Jamás negaré que tengo una gran facilidad para que se me escapen lagrimillas… la mayoría, de emoción.  Yo digo que son “lloradas bonitas”…*

 

Continuamos caminando. Subiendo y bajando para subir aún más alto…
En una gran intersección, nos despedimos de dos compañeros, que regresarían antes de llegar al Campo Base…
En teoría, sólo dos llegaríamos al Santuario de los  Annapurna…
Caminábamos solas Katie y yo.



La mañana que debíamos llegar al campo base fue una de las más emocionantes…
Sería un día muy corto. Sólo el MBC (Machhapuchhre Base Camp) nos separaba del ABC (Annapurna Base Camp).
Nos despertamos al alba y comenzamos a caminar...
Antes de medio día deberíamos estar en el ABC!!!

Pero llegamos al MBC a las siete de la mañana…y allí se acabó nuestra jornada.
Encontramos a un par de compañeros con los que coincidíamos cada noche desde hacía unos días.
Patrick comenzaba a “sufrir” su mal de alturas… Desayunamos con ellos y yo empecé a “disfrutar” de mi mal de alturas…
Sentía exactamente lo mismo que se siente cuanto bebes esa copa de vino, que es “la copa de más”…
Con sueño, mareada y con una risa incontinente y pegajosa, decidimos pasar el día en esa estación junto a Patrick y Suman…


Sin haberlo planeado, pasamos el día entero bajo el sol y frente al Machhapuchhre.
Y sin poder evitarlo y recordando al taxista que me acercó a mi sueño, comencé a tararear aquel “those were the best days of my life…”…

Porque Machhapuchhre, es el FISH TAIL!!!!!
Aquel Fish Tail que, unos días atrás, las nubes no nos dejaban ver al salir de cada curva en aquel coche destartalado…


Día de ginger lemon tea y garlic soup…
Día de invenciones disparatadas, fruto de la borrachera de felicidad y altura….
Día de risas y compañerismo… 
Tanto cariño…
  
La siguiente, sería la mañana en la que llegaríamos a nuestra meta: el Santuario del Annapurna.
Estando tan cerca, intentaríamos llegar para ver amanecer desde allí.


Era aún noche cerrada y helada cuando comenzamos a caminar.
Volvíamos a ser cuatro, pero esta vez, la altura nos hacía tener ritmos totalmente diferentes…
En medio de aquel inmenso valle rocoso, sólo iluminados por nuestros frontales hicimos la última parada juntos.
Estábamos muy cerca y no había ningún peligro. Desde allí cada uno caminaría en solitario.

Antes de dormir había encontrado en un recoveco de mi mochila la última chocolatina…
Refugiados tras una roca inmensa, que nos protegía por un momento del viento, repartimos aquella última chocolatina…
Sin pronunciar una palabra, se iluminó la mirada de aquellos que no esperaban un trocito de chocolate de “Buenos días!!! - hoy será El Día”…
Y continuamos camino hasta separarnos.
   

De nuevo, caminaba sola.
Hubo días en los que subimos pendientes realmente pronunciadas y pasamos grandes desniveles, sin embargo, a más de 4.000m, en aquella ligera ascensión, cada paso se me hacía más pesado…

¿Cómo sería el lugar con el que tanto había soñado?
No podía creer que finalmente hubiera logrado llegar hasta allí…
No podía dejar de estar agradecida de poder estar allí…
Una vez más, era yo la privilegiada de poder caminar entre aquellas montañas.

Ese día, cumpliría un sueño…

Miraba el suelo, intentando no perder un camino poco dibujado en la oscuridad.
Suelo helado junto a un hilo de agua congelada.

Qué impresión cuando alcé la mirada y descubrí que ya podía ver la lucecita que iluminaba el refugio del campo base.

 Se me paralizó el corazón.
Deseaba llegar.
Pero llegar significaba algo tan inmenso para mí que me daba miedo.


Constantemente cumplimos sueños, pero en la “vida normal”, muchas veces ni nos damos cuenta…
Cuantas veces deseamos algo con gran intensidad durante mucho tiempo… y el día que al fin cumplimos nuestro objetivo, no somos conscientes del logro…
Cumplimos sueños sin darnos cuenta!!!...
y seguimos pensando que hay otros que cumplen sus sueños y nosotros no…


Yo sabía que estaba a muy poca distancia de un Gran Sueño.
Estaba tan cerca de llegar a aquel lugar que tantas veces había imaginado…
Tan cerca de cumplir un sueño que siempre había creído un  imposible…
Un sueño que tanto esfuerzo me había costado.
Me costó un esfuerzo físico enorme llegar allí: yo no soy una gran deportista y antes de empezar a caminar había pasado diez días sentada sin moverme y sin apenas comer…
Me costó un aún mayor esfuerzo mental: “Continúa”. “Si no puedes hablar, sonríe”. “No mires atrás, sólo mira hacia adelante”. “No puedes abandonar porque te esperen días de gran dureza”. “El dolor es impermanente”. “Sonríe a quien te encuentres”…


Y allí, a tan poca distancia de ver amanecer en el lugar de mis sueños, me senté en una piedra.
En esa piedra fui consciente de que llegar al Santuario de los Annapurna no era hacer realidad mi sueño…
Llevaba veinte años haciendo realidad aquel sueño!!!!!
Y no me había dado cuenta!!!

Me adelantó un sherpa y me dijo: “te queda muy poquito para llegar y ver amanecer desde arriba… ¿te llevo la mochila y vas más rápida?”.
Sólo pude sonreírle y con un ligero movimiento de cabeza decirle que no era necesario…

Cuando aquel sherpa se giró y continuó… Comencé a llorar de emoción.

Tan agradecida por haber podido llegar hasta allí…
Tan agradecida por siempre encontrar en mi camino a las personas indicadas en el momento indicado...

Tan agradecida por compartir la vida con quienes siempre apoyan mis sueños y locuras…
Tan agradecida por estar viva ese día y en ese lugar; por ser una privilegiada…
Agradecida por haber encontrado aquella pareja en Vietnam que me habló de “su aventura”; por encontrarme aquel brasileño en Laos que me regaló un mapa de Nepal; por aquella conversación en un tren en Kanchanabury donde un “veterano de las montañas” me hizo ilusionar y me explicó qué debía meter en mi mochila para subir…

Tan agradecida porque cuando “se me ocurrió” intentar hacer real mi sueño, a miles de kilómetros de distancia, desde casa me dijeron:
“Nepal? Annapurna Sanctuary?. ADELANTE!!!!........ espera que miro en el mapa eso exactamente dónde queda!!......”
(……….y tras un minuto de silencio y unos pocos clicks en google……….)

“Wow!! Es increíble!!  Ese lugar es mágico!!! Sí!   Sí!……. TIENES QUE IR!!!”.  


Triplicáis mi ilusión en cada una de las aventuras y retos que me propongo.
Viajáis conmigo!!


Sola, sentada al borde de un caminito desdibujado, aquel día vi amanecer desde el valle de mis sueños…


sábado, 14 de septiembre de 2013

Un tesoro lleno de promesas...


En el suelo de aquella plataforma, con el sol apareciendo tras las montañas, encontré una cajita que metí en un bolsillo.
Un momento después, descubrí la desesperación de alguien que buscaba algo…

Con la mirada de mayor agradecimiento que jamás me han regalado y con lágrimas en los ojos, escuché la historia de la cajita y su contenido.

Impresionada, lloré abrazada a una hija empeñada en cumplir una promesa:


“Le prometí que le haría ver el mundo”.


       *** 
       Uno de los "momentos humanos" más emocionantes de mi viaje...
       Gracias por compartir conmigo tu promesa. 
       Sé que sigues enseñándole el mundo.
       Grandes viajeras sois... 
       ***

lunes, 9 de septiembre de 2013

"Operación Poon Hill": Una panorámica del destino final


3am. Almendras y chocolate de desayuno.
El frío y las estrellas eran buenos presagios…
Caminito de luciérnagas…

Sabía que con las luces del alba Las comenzaría a ver…
Aún no había amanecido, pero la luz de mi linterna comenzó a hacerse difusa.
Supe que, al salir de la arboleda, Las tendría frente a mí.
Y después de una curva, ahí estaban.



Todas.
Sagradas Montañas.




Impresionada, paré a un lado del camino y Las contemplé en silencio.
Lloré con la misma emoción que, ahora que lo escribo, ata mi garganta al recordar ese momento.
No podía continuar sin guardar en mi memoria lo que sentí tras esa curva.
Inmensidad.
¿Cómo puede ser que haya llegado a un lugar tan increíble?
¿Cómo puedo ser tan afortunada?
¿Qué hice yo para merecer estar aquí?
¿Por qué?


Espero que mis años jamás me roben ese momento…






Continué caminando hasta la plataforma de observación.
Sola.
Aún impresionada, contemplé desde lo alto aquella panorámica.

Frente a nosotras, los HIMALAYAS!.


En unos días, casi alcanzaría una de aquellas cimas...


viernes, 6 de septiembre de 2013

"Operación Poon Hill": Primer intento...


3am.
Almendras y chocolate de desayuno.
Frio. Linternas.
Caminito de luciérnagas…
Sabía que, a pesar del esfuerzo, encontraría lo mismo que encontré al llegar a Bromo Vulcano en Java…
EL BLANCO.
No Blanco de cimas nevadas, sino Blanco de densa niebla…



Esta vez hay tiempo.
Lo intentaremos mañana…


Un día de más niebla y dalbat.
Pelar ajos…

Una tarde de pan y queso.
Ginger lemon tea.
Chimenea.
Mapas, libretas e historias.
Un millón de risas y carcajadas.
La inventiva y originalidad ibérica…
Aventuras y anécdotas de viajeros…


Velas y sopa de ajo.
Esa noche, fue la primera en la que descubrí, en el cielo, la más brillante Vía Láctea.


jueves, 15 de agosto de 2013

Comenzando a caminar...


Empezamos a caminar con energía y entusiasmo.
Sólo unas horas después, en medio de unas escaleras de piedras que parecían no tener fin, mi sueño estaba cada vez más lejano…
No estaba preparada para este reto…

Tras cada curva, más escaleras…

Un sueño tan cerca…. Y tan lejos….

“Quizás tú nunca puedas llegar a un lugar tan lejano…” comencé a pensar cuando sentí que pronto empezaría a llorar.

Miré hacia arriba, para evitar encontrarme con mis lágrimas y mi mirada se encontró con la de Katie. Energética y sonriente. Me hizo reír verla tan fresca, mientras yo pensaba que moriría en esas escaleras.



Jamás olvidaré ese instante. Fue la primera vez de muchas en que la encontraría, con su mochila verde, siempre sonriente, trasmitiendo pura energía y confianza.
Primer día, en el que una joven desconocida se convirtió en la mejor compañera de camino…
Siempre, al final de la escalera verás a alguien que llegó antes que tú y demuestra que ES POSIBLE!
**** No olvides nunca, cuando llegues al final de tu escalera, mirar atrás...
Quizás encuentres a alguien que necesita ver que tú has llegado!! ****


Tampoco olvidaré cómo, tras el último tramo de escalera, a lo lejos casi apenas podía ver a Jessi que gritaba: “Hot water is waiting for you, baby!!!!”.

Se puso el sol temprano y casi con el sol, fuimos a dormir.
Noche de reflexión y descanso.

Primer amanecer.
Primer desayuno entre montañas.
Primera mañana en la que descubres que la ropa NO se seca durante la noche.
Massala tea.
Sol.
Frescor matinal, gallinas y más escaleras…


Caminamos durante horas.
Tranquilas, confiadas…

Me gusta caminar sola, en silencio. Sólo acompañada de mis pensamientos.

Miraba caminar a Katie frente a mí.
Ella conversaba con alguien cuando la vi resbalar y casi desaparecer en un barranco.
Se me paralizó el corazón.
Jamás en mi vida corrí tan rápido y nunca me descargué la mochila a tal velocidad….
Sólo fue un susto que nos dejó aún más en silencio.
Me hizo ser aún más consciente de los peligros que la montaña puede esconder en el lugar más simple…
Sólo es necesario un pie mal ubicado en una roca que no es roca para recordarte dónde estás.
No es un juego.

La montaña merece su respeto.

Respetaba a la montaña, pero aprendí a hacerlo con mayor intensidad…
Desde entonces, cada mañana, mientras me ponía los zapatos hablaba con la montaña.
Le pedía permiso para caminarla.
Le prometía respeto.

No creí, sólo 2 días atrás, que fuera a crear un vínculo tan fuerte con una desconocida que caminaba unos pasos por delante de mí.
Lloré a solas cuando volví a tener a una pálida Katie caminando frente a mí.

Desde aquel día, de cuando en cuando, dejaba a un lado mis pensamientos y como si de un mantra se tratara, gritaba: “Katie, INSIDE!” o “There are 2 path: inside and outside…. Please, walk INSIDE!” (“hay dos caminos: dentro y fuera… por favor, camina dentro!”).
Me valió convertirme en su  “Mami de las montañas”…


La segunda noche de trek, la pasamos en Gorepani.
Esperábamos ansiosos la aventura de la mañana siguiente.
Subiríamos al amanecer hasta Poon Hill, desde donde podríamos ver todas las montañas. Desde allí, veríamos  hacia dónde nos dirigíamos.

Noche de nubes, estrellas, rayos y relámpagos…

lunes, 5 de agosto de 2013

A los pies de un Sueño...

Meses atrás y más de 20 años después de soñarlos, de las palabras de una señora en Vietnam, Los Annapurnas se pusieron en mi camino.

Como un sueño que se comienza a hacer realidad, ahora los tenía frente a mí.
Sentada a orilla del Lago Phewa, en Pokhara, era consciente de que me encontraba a los pies de algunas de las más sagradas montañas del mundo.
Estaba no sólo a los pies de las Montañas, era consciente de que me encontraba a los pies de un gran Sueño.
Sabía que sería un grandísimo reto físico.
Sentada, sentía una gran responsabilidad conmigo misma.

“Lo deseé. Me he esforzado por llegar aquí y hacerlo realidad.
Y ahora, mañana comienzo una dura prueba…
Si no la supero, estando tan cerca, seré incapaz de hacer realidad mi sueño.
Es sólo mía esta responsabilidad…”.

No podía dejar de pensar esto mientras pasaba mi mirada de los permisos de trekking al lago y del lago a las montañas…

Esa noche, apenas pude dormir de la emoción, del miedo a comenzar un reto desconocido…
Esa noche, no pude dormir de responsabilidad conmigo misma…
“Nunca has hecho un trekking tan largo y a tanta altitud…”.
“La semana pasada saliste de un retiro de meditación en el que has pasado 10 días sentada e inmóvil más de 12 horas al día…. ¿qué preparación física es esa!!!??”.
“Has montado un grupo de 4 personas, que sólo habéis compartido una cena y dos charlas… 4 aventureros… ok… pero vas a la montaña y tienes que confiar en 3 desconocidos…”
“Llevas un mapa, una brújula y 3 linternas… pero subís sin guía…”
“¿Y si nos perdemos?”
“¿Y SI NO PUEDO?”…
“¿Y si mañana voy al punto de encuentro y les digo que yo subo otro día?”…

Casi sin haber dormido, sonó el despertador.
Llena de energía, abrí los ojos y pensé:
“MIEDOS…
Los miedos que te hacen prisionero…
Yo no soy esclava de los miedos!”

“¡¡¡¡¡ Hoy comienza un RETO !!!!!”

“¡¡¡¡¡ VOY A CUMPLIR UN SUEÑO !!!!!” 

Agarré mi mochilita, dejé en un almacén el resto de mi mochila, sonreí a la niña de la guest house cuando me decía “Nos vemos detrás de la montaña!” y con otra sonrisa fui a encontrarme con el resto del grupo!.

Qué emoción!!!!

Metimos nuestras mochilas en un pequeño “taxi” y comenzamos el camino hasta Naya Pull.
Un poquito más de una hora para pensar, mientras tras cada curva intentábamos descubrir entre las nubes The Fish Tail, un pico que el conductor estaba empeñado en hacernos ver…

Jamás olvidaré la música que escuchaba el taxista de camino a Naya Pull.
En una cinta de cassette, entre unas cuantas canciones de los 80’s y 90’s habían grabadas una y otra vez 2 canciones que conocía bien y que me hicieron sonreír: “Summer of ‘69” y “Have you ever really loved a woman?” de Bryan Adams.

Una hora casi en silencio entre curvas y montes…
Un silencio roto por el entusiasmo del conductor y sus “After this curve…. THE FISH TAIL!” (“después de esta curva… La cola de pescado!”), que por cierto nunca vimos desde el taxi…

No podía dejar de pensar en lo afortunada que estaba siendo.
En los regalos que casi a diario me estaba dando la vida…

Una hora de silencio acompañado por un par de canciones que había dejado de escuchar, concentrada en mis pensamientos…

Y de repente escuché con la voz de Bryan Adams algo que nunca había verbalizado…

“Those were the best days of my life…” (“Aquellos fueron los mejores días de mi vida…”).
Se me paralizó la mente un segundo al escuchar unas palabras que resumían todo ese batiburrillo de pensamientos…

“Estos son los mejores días de mi vida!”.
Jamás me había sentido como me sentí en ese momento…


Viajo, descubro y vivo aventuras, pero en ningún momento antes me había parado para ser consciente de que ESTOS SON LOS MEJORES DÍAS DE MI VIDA…

Y en ese coche destartalado, acompañada por 3 aventureros y un conductor enamorado del Fish Tail, tras cada curva estaba más cerca de comenzar un sueño…

Siempre, a los pies de un Sueño!




domingo, 14 de abril de 2013

Nepal de Retos y Sueños...


Nepal me recibió en días de Festival, me colocó frente a un gran Reto personal y me permitió cumplir uno de los mayores Sueños de mi vida, uno de esos que sueñas desde pequeño y crees sea imposible de cumplir…

Por ello, Nepal ocupará siempre un lugar especial en mi corazón y mi memoria.

*** UN RETO PERSONAL: El Silencio. 

En la montaña de Shivapuri, donde nace el río sagrado Bagmati, viví una de las experiencias más duras y a su vez más gratificantes de mi vida
Dueña desde hace tantos años de una mente parlanchina que vuela, sueña, inventa y crea sin descanso… Decidí que había llegado el momento de dedicar un rato a aprender a controlarla, aprender cómo hacerla callar.
Era el momento de escuchar el silencio absoluto de mi mente, de tomar el control de mis pensamientos…


 Decidida a sentirme y crecer, estaba preparada para comenzar el Reto: controlar una mente alborotada.

Llegó el Retiro y con él, la meditación y el silencio durante 10 días.
Cada mañana, a las 4am, con el sonido metálico de un gong comenzaba una intensa jornada.
Sentada con las piernas cruzadas sobre mi cojín, me esperaban a diario casi 12 horas de meditación. Inmóvil, con eventuales pausas de no más de 5 minutos, comiendo por última vez a las 12 del medio día, sin contacto visual y sin hablar…
De incalculable dureza física (nunca había pasado tantas horas inmóvil sentada en el suelo) e increíble dureza mental, disfrutando del Noble Silencio, descubrí la Técnica Vipassana.
Aprendí a escucharme en silencio, a sentirme como nunca antes había hecho, a ver el mundo con otra mirada.
Aprendí a llegar a las profundidades, mucho más allá de donde nunca antes había llegado.

Durante esos 10 días, cumplí sola y en silencio 30 y entendí una forma diferente de vivir.


*** UN SUEÑO: Una Aventura y el Cielo más increíble… 

Sólo 10 días después de volver al mundo real y salir de mi retiro, con una energía diferente, comenzaba una gran aventura, que me llevaría a cumplir aquel sueño imposible…
Lo haría real en Nepal, pero comenzó a hacerse real cuando lo soñaba antes de dormir y comenzó a hacerse posible 6 meses atrás, cuando en Vietnam conocí a una pareja que, en cierto modo, cambió mi viaje.

Cuánta gente nos pasa por  delante y, si se presta atención, pueden llegar a cambiar de alguna forma tu vida.

Al despertar ese día de Abril, Nepal no estaba en mi mente, mi viaje duraría los 3 meses previstos y pasaría por los 4 países planeados antes de regresar a casa…
Ese día, sentada casi en el suelo en una calle en medio de la nada, cerca de Saigón, una pareja de unos 60 años compartieron mi mesa y me contagiaron una gran ilusión a través de sus miradas.
Él me dijo que era su segundo día en Vietnam… y ella, que no había hablado hasta el momento, con una increíble expresión y tremenda luz en su mirada añadió:
“¡Venimos de cumplir un Sueño!”.
Imposible no interesarse.
Con gran atención escuché emocionada qué sueño cumplieron a sus 60’s y cómo fue.

Al separarnos, en el autobús en el que viajaba lloré emocionada y en silencio.
Esa señora me hizo recordar algo que soñaba despierta las noches que no podía dormir de pequeña.
En ese bus, recordé con angustia y entre lágrimas los miedos que no me permitían dormir y también sentí la tranquilidad y seguridad que sentía cuando me imaginaba y me soñaba aventurera antes de caer dormida.

Las palabras de esa señora me llenaron de emoción al hacerme ver que esa aventura era viable.
Llegar “casi” hasta la cima de una de las montañas más altas del mundo era posible para gente normal y corriente.

Más de 20 años después, ese día, los Annapurnas se pusieron de nuevo en mi camino.
Desde ese momento, casi a diario, los imaginaba frente a mí…

Es curioso cómo esa pareja, con la que estuve lo que dura un cuenco de “Pho” vietnamita y de la que no recuerdo nada más que su historia y su emoción, cambió el rumbo de mi viaje y puso a Nepal en mi ruta.

Qué mágica es la vida!!!

Cuántas personas se cruzan en nuestro camino y, sin ser conscientes de ello, a veces nos cambian la vida un poquito.
Cuántas veces durante este viaje he sentido que “mis sueños y experiencias”  han hecho ver el mundo de forma diferente a otras personas y han “volado” conmigo…

Qué hermoso es compartir sueños, aventuras e ilusiones!!!
Qué maravilla, hacerlas realidad.


Creo que cada vez que inventamos e imaginamos, creamos nuestros sueños.
Sueños que revolotean a nuestro alrededor hasta que, un día y casi sin darnos cuenta, los hacemos realidad y pasan a formar parte de nuestro espíritu.
Sueños que son un trocito de alma!!


martes, 26 de marzo de 2013

Nepal es el hogar de una Diosa Viviente.


En Kathmandú vive la Kumari Real, una niña-Diosa de la comunidad Newari.

La Kumari no nace Diosa viviente, ni es Kumari para siempre.

Cuando es el momento de encontrar una nueva Kumari, se realiza una preselección de posibles candidatas entre las niñas Newari que cumplan unas determinadas premisas.
Toda Kumari debe poseer 32 virtudes o atributos de perfección como haber nacido en unas determinadas fechas, bajo un determinado firmamento; tener unos determinados rasgos físicos como un color de ojos característico, timbre de voz particular, no haber perdido aún ningún diente y, entre otros,  una piel dorada e inmaculada, que nunca haya derramado una gota de sangre, rasgo éste determinante para poder ser Kumari.

Las niñas pre-seleccionadas como posibles Kumari deben pasar unas pruebas de selección aterradoras, incluso para un adulto.
Son encerradas en un Templo durante una noche bajo una gran oscuridad, rodeadas de cabezas de búfalos sacrificados y hombres enmascarados que danzan y gritan en sagrado y terrorífico ritual tántrico.
En esas circunstancias, el espíritu de la poderosa Diosa Taleza Bhawani (forma nepalí de nombrar a Durga) entra en el cuerpo de la única niña que mantiene totalmente la calma, sin derramar ni una sola lágrima durante todo el ritual.
Entonces, la niña reconocerá las vestimentas y joyas de su predecesora, que pasarán a ser suyas, y que vestirá para salir del Templo.

Entró en el Templo siendo una niña chiquita y saldrá de él convertida en Kumari.
Entró siendo una Normal Mortal y saldrá siendo una Diosa Viviente venerada por hindús y budistas.
Ella no lo sabe porque puede que sólo tenga 4 años, pero ese día cambiará el destino de su vida para siempre.
Un día volverá a ser Mortal, pero jamás volverá a ser una “normal mortal”. El estigma de ser Kumari la acompañará para siempre.

Desde ese día, la Kumari Real dejará de vivir en su aldea con su familia, para vivir en un Palacio en Durbar Square en Kathmandú.
Dejará de recibir atenciones de sus padres porque dejó de ser su hija. Ningún humano  es padre de una Diosa.
Pasará los días bajo la constante atención de sus cuidadores en Palacio.
Desde ese día, NADIE excepto su asistenta la podrá tocar y convertirla en impura.
Desde ese día no podrá pisar el suelo fuera de su palacio.
Sólo podrá salir de su palacio en 12 ocasiones al año con motivo de 12 celebraciones en días de Festival.
No irá a la escuela.
No podrá disfrutar de una infancia de juegos junto a sus hermanos y otros niños, que la hagan impura con su contacto.
Cambiará juegos por rituales diarios.
Recibirá fieles que acudirán en busca de su bendición.
Serán observadas y analizadas cada una de sus reacciones al recibir regalos y ofrendas (si permanece en silencio, se interpretará como que se cumplirá la petición del devoto; si se frota los ojos, implica una muerte inminente en el hogar del quien realiza la ofrenda…).

Ese día pasará de ser un Ser humano a ser una Diosa viviente.
Ese día marcará el destino de su vida.


Su primera menstruación llegará como una maldición, que la volverá impura, no válida para el culto y mucho menos digna de ser la encarnación viviente de una diosa.
Su primera menstruación la hará caer del mundo de los dioses y la mandará de vuelta al mundo de los mortales humanos, esta vez, convertida en mujer.
Una gran pérdida de sangre consecuencia de una herida, enfermedad o cirugía también la harán impura.

Ser Kumari es un Honor, pero haberlo sido… es un Estigma.
¿Quién quiere relacionarse con una Diosa caída?.
Además, cuenta la leyenda que el hombre que case a una antigua Kumari morirá en 6 meses, víctima de una gran “tos sangrienta” (tuberculosis).


Jamás había escuchado hablar de Diosas vivientes y, sin esperarlo, tuve la fortuna de aparecer en Kathmandú unos días antes del “Indra Jatra Festival”, donde se venera a Lord Indra (el Dios de la lluvia) y que coincide con una de las festividades que permiten a la Kumari salir de su palacio.

Sentada a la sombra en el patio del palacio de la Kumari, un cuidador del lugar me habló de Ella.
Me hablaba con ilusión del privilegio de ser Kumari y del honor que es para Su familia (que se pueden negar a que su hija sirva como Kumari para el pueblo) haber sido el hogar donde nació una diosa viviente.

Escuchaba sorprendida mientras me hablaba y cuantas más preguntas respondía y más detalles me explicaba sobre qué significa ser Kumari… Yo, en silencio, más me cuestionaba sobre el privilegio de serlo.

Esa niña no podrá jamás recordar momentos nunca vividos…

La calidez y alegría de besos y abrazos de quien bien te quiere.
Ratos compartidos de risas y juegos con hermanos y amigos.
La tierra mojada bajo unos pies descalzos.
La madera de un árbol recién trepado.
Se perderá la vitalidad de crecer con heridas en las rodillas.
Se perderá la magia de ese momento, vivido con lágrimas en los ojos y sentado en el baño, en el que con cariño te soplan al dejar caer un chorrito de agua oxigenada mientras te regañan por seguir subiendo al árbol del que siempre caes.
No podrá recordar jamás las veces que se durmió mientras alguien la acariciaba y jugaba con su pelo.
Porque todo eso jamás sucederá en la vida de la pequeña Diosa.

Escuchaba atenta a aquel señor que tan amable me informaba y no podía dejar de pensar cómo afectaría a nivel psicológico el hecho de haber sido una Diosa y dejar de serlo.

Si te conviertes en Kumari, reencarnación de la poderosa Diosa Durga, cuando tienes 3 ó 4 años… todos tus recuerdos, la realidad de tu mundo es la de ser Diosa y ser tratada como tal. De repente y sin avisar, un día tienes tu primera menstruación, que ya de por sí es un momento de cambios, de no entender, de sentirte rara… y además lo vives sola, porque no has tenido compañeras de cole que ya te hayan contado…
Y entonces, ese día… la realidad de tu mundo se esfuma.
Dejas de ser una Diosa y de ser tratada como tal.
Te mandan a vivir a un lugar que no conoces, con gente que apenas recuerdas y tienes que comenzar una nueva vida como mortal humano, como Diosa caída…

Debe de ser un momento tremendo para esa niña.
Tremendo a secas, ni malo (porque ganará en libertades) ni bueno (porque tendrá que vivir un mundo que no sentirá suyo). Sólo tremendo.


Miraba a mi alrededor en aquel patio, ensimismada en imaginar cómo sería la vida de aquella niña.
¿Sería feliz la Kumari?.
Qué pequeño se ve este palacio para no poder salir de él en años, recuerdo que pensé…
Mientras comenzaba un ajetreo de personas entrando en el patio y agolpándose frente a los escalones donde estaba sentada, volvió aquel señor y me dijo: “Aún sigues aquí? Verás a la Kumari porque en un ratito saldrá a bendecir y saludar a sus devotos! Pero no podrás fotografiarla… recuerda que es una Diosa!!”.

Con curiosidad esperaba el momento en el que la Diosa viviente hiciera su aparición.

La Kumari hizo su aparición frente a una ventana de aquel patio.
Imaginaba una Diosa-niña radiante, sonriente, iluminada…
Pero me estremeció el corazón ver la mirada de aquella niñita.
Desde el interior, una mano anciana le indicaba que se acercara más a la ventana.
Tenía la cabeza baja y sus ojos tristes miraban el infinito.
Dio un paso al frente, como aquella mano le indicó.
No miro nada ni a nadie.
Tuve la sensación de que ningún alma habitaba ese cuerpo de Diosa.
La misma mano hizo otro gesto y la niña dio un paso atrás y desapareció de nuestra vista.


Mientras se dispersaba el barullo de devotos y turistas, permanecí quieta, en aquellos escalones observando aquellas ventanas, que salvando a la Diosa de miradas indiscretas, estaban tapiadas de cuadriculada madera.
Parece una cárcel diseñada por un ebanista, esa madera no dejará pasar mucha luz, pensé.
Y perdida en mis pensamientos, en una de las ventanas cuadriculadas encontré a la pequeña Kumari.
Miraba curiosa, escondida tras las ventanas de su palacio lo que sucedía fuera, una vida terrenal  que no puede vivir porque ella vive en el mundo de los dioses.
Me dio tanta tristeza que tuve ganas de llorar… y lloré.


Estaba en Kathmandú durante la festividad de Indra Jatra, donde la Kumari sale a la calle y en carruaje recorre algunas calles cercanas a su Palacio para bendecir a sus devotos.
Yo, que no soy ninguna diosa y nadie venía a verme, quedé totalmente impactada por la impresionante cantidad de personas que se agolpaban sin ningún tipo de control en aquella plaza y sus callejuelas.
El día anterior había visto a aquella niña asomada al balcón de su Palacio y podía imaginar el terror y la ansiedad que debía estar sintiendo desde aquel palanquín.

Y entre la alegría de miles, sentí de nuevo una gran tristeza.




Gran honor.
Cuestionable honor ser Kumari.


miércoles, 20 de marzo de 2013

Nepal de Festivales, Retos y Sueños...


Antes de empezar mi viaje, nunca pensé que un día aparecería en Nepal con una mochila, tantos retos y tan grandes sueños por cumplir.


Jamás olvidaré cómo me sorprendió Nepal al llegar…
Cuando volaba emocionada desde Bangkok destino Kathmandú, nunca pensé que estuviera iniciando un viaje tan diferente.
Sabía que no sería como el Sudeste asiático, pero no imaginé un contraste tan tremendo.
Sobredosis Cognitiva.
El barullo, el gentío.
Sentir la invasión de mi espacio personal, que es muy pequeño, pero sentía invadido…
Desconcertada, no sabía si estaba ante un lugar en construcción o en destrucción…
Polvo en el camino.

Tan pronto me sellaron el pasaporte con un “Disfruta mi país” y una sonrisa, supe que en Nepal daría inicio a un nuevo viaje…

Aún sin siquiera imaginar que un día cercano iría a India, mi viaje a India comenzó en Nepal…

Nepal que tanto me regaló…
Nepal del que tanto aprendí…
Me dio la bienvenida en días de fiesta.
Nepal de montañas.
Nepal de llanuras.
Nepal de frío y de calor.
Festivales.
Templos.
Diosas vivientes.
El silencio.
Las alturas y el mal de alturas.
Las estrellas y las manzanas.
El esfuerzo.
Fortaleza física y mental.
Nepal de retos.
Nepal de desafíos…
Nepal de Sueños cumplidos…



Jamás imaginé cuán feliz sería en Nepal.
Nunca pensé que un día me sentaría en una roca, miraría al frente borracha de amor, de gratitud y de altura y ante el Cielo y la Tierra más increíbles del mundo y con lágrimas en los ojos pensaría en el mayor de los silencios:
“Jamás en mi vida he sido tan feliz”.
Tan orgullosa de mí.
Infinitamente agradecida por ser tan gran privilegiada.
Nepal me puso al límite para regalarme la mayor de las felicidades.    
Fui la mujer más Feliz del Universo en Nepal.
Y lloré de inmensa felicidad, después de llorar un tremendo esfuerzo.


  Nepal siempre será para mí un país de Retos personales y Sueños cumplidos.


lunes, 25 de febrero de 2013

Mujer de ojos alados...


Una mujer bella compartiendo mesa con un hombre que no es el suyo y que, probablemente, no querría como suyo.
Con elegancia, sonríe cada uno de sus comentarios aunque, probablemente, no sepa qué quiere decir.
Y con elegancia pierde su mirada en el infinito, si tiene oportunidad… y escapa…

Quién sabe dónde irán esos ojos oscuros enredados en una piel morena.

Escapa cuando él se concentra en su cerveza.
Escapa cuando él busca en el menú algo occidental que comer.
Porque él está en oriente, pero ha decidido qué es lo único que quiere disfrutar de oriente… y no es la comida.

Ella sonríe, escapa y vuela.
Vuela lejos, tan lejos como le permiten sus 30 segundos de libertad.
Y en esos segundos, sus ojos brillan.
Sobre las nubes, en las alturas, sólo el Sol se refleja en sus ojos. Por eso brillan.

Y luego vuelve.
Aterriza al ser tocada con una mano helada de escarcha y cerveza.
Mira la mano y elegantemente sonríe, aunque el olor a kepchup le provoque náuseas.
Y sonríe, con la mirada baja, mientras rechaza una patata frita que ha llegado a su boca.

Se dispone a escapar y volar nuevamente, cuando sus ojos alados se cruzan con los míos.
Es la primera vez que siente que la miro.
Y, esta vez, son sus ojos los que sonríen. Me sonríen con sinceridad.
Y escapa, esta vez, acompañada.
Escapa conmigo lo que dura un trago.
Suficiente.
Hemos viajado juntas.
La he acompañado en su viaje y he visto el lugar donde va.
Y en un eructo, hemos vuelto.

Sus ojos han vuelto y aún brillan mientras me mira.
Sus ojos han vuelto y aún sonríen.
Me mira y me dice “Gracias por viajar conmigo un ratito”.
La miro y le digo “Gracias por enseñarme tu paraíso”.

Por un tiempo infinito, buscó mi mirada en sus 30 segundos de libertad.
Buscó mi mirada para escapar y la encontró y viajó en mí.

Una cerveza, unas patatas y una hamburguesa fue el tiempo que compartimos.

Hermosos ojos alados,
Vuela lejos,
Vuela alto,
Escapa!   


Las FRUTAS del Sudeste...

Si hay un denominador común de todos los países del Sudeste Asiático, ese es sin duda el ARROZ y las FRUTAS!!!
Arroz que alimenta para desayuno, comida y cena, dulce y salado, con palillos o a pegotes si es sticky rice.
Fruta que refresca esas calurosas tardes previas al monzón y acompaña día y noche las largas horas de trayectos en bus y tren.
Días enteros alimentándome sólo de arroz y frutas…
Nada como un rico sticky rice con mango y leche de coco para empezar un día de aventuras…


Además de mangos, plátanos, cocos, piñas y tantas otras frutas que conocemos bien… Os quiero hablar de mis frutas favoritas del Sudeste Asiático… 

MANGOSTÍN

Fue la primera fruta “desconocida” que probé en el sudeste y no olvidaré ese momento.
Estaba en Bali entre terrazas de arroz y alguien me dio a probar un mangostín. ¿Mango…qué?. Mangostín! Aunque no tiene nada que ver con los mangos…
Extendí la mano y me dieron una bola de madera ligera. No sabía cómo comerla, entre risas, me enseñaron a abrirla sin romperla y desde entonces casi a diario comí mangostin!.
Blanca, dulce y un poco ácida… Mi fruta favorita…



RAMBUTÁN
La fruta más coqueta por fuera y tan rica por dentro…
Roja de largos cabellos verdes. Por dentro blanca, una mezcla como de litchi y uva. Hasta que no aprendes a comerla, antes de hincarle el diente hay que chuparla un poquito para separar su carne del amargo hueso.


LITCHI
En Laos comía Litchis las tardes de viento y calor antes del monzón…
El Litchi me sabe a uvas y rosas… Aunque maduro, por fuera es rugoso… dentro lo encontramos suave y tierno…

 LONGAN u ojo de dragón

En Tailandia descubrí el Longan…
Es parecido al Lichi pero su piel es lisa y marrón…
Dulce… o super dulce!!!!
Agosto es el mes del Longan… y podrías pasar horas arrancando los frutos de las ramas de los árboles! Por cierto, se venden en ramilletes! (pero te dejan los dedos pegajososss!!)
Al Longan también lo llaman “Ojo de dragón” porque, una vez pelado, se transparenta su semilla negra… como pupila de ojo de dragón!!!



 JACKFRUIT

Jackfruit es una fruta rara… es rara y fea…. Pero  me encanta!!.
Por fuera el “fruto” es grande (los he visto de más de 30cm!, aunque dicen que pueden llegar a los 90cm!!!), amorfo y con pinchos… La primera vez que los vi en un árbol, quedé verdaderamente sorprendida!
Por suerte, a pesar de feo… está riquísimo! Una vez abren el fruto, enredado entre fibras aparecen unos “cuerpos carnosos” amarillos, un poco pegajosos y de un sabor que te deja casi tan sorprendido como su apariencia… pues es un sabor tan extraño que no podría definir ni lejanamente… es como una indescriptible mezcla entre plátano macho y piña dulce… Lo dicho…raro por fuera y por dentro…





DURIAN

Pobres….. la fruta “apestada”…
Cuando aparecí en Singapur y me vi en el metro rodeada de señales que amenazaban con multas desorbitadas si llevabas Durian contigo… pensé… pero qué exageración!!!.
Pero… NO! Cualquier medida contra el Durian es y será insuficiente!!
Pestilente fruta. Dulce con olor a queso de cabrales… Pobre mal parida, rara por fuera como el Jackfruit, pestosa y condenada si la portas…


DRAGON FRUIT o Pitaya

Esta es de las frutas del día a día que también más he comido…
Por fuera, coquetona…. Verde intenso, rosa, fuxia…. Por dentro…. Hay dos variedades: la de cuerpo blanco y la de interior fuxia, con miles de semillitas negras y crujientes.
La de interior rosa la que más me gusta…mucho más dulce!!! Pero te deja los dedos y la lengua rosa por horas… y mucho más se vuelve rosa!!! Jajaj (esto es toda una historieta después de un atracón a “pink dragon fruit”…)




PASSION FRUIT
Me gusta la fruta de la pasión porque no pesa casi nada y puedes comprar tanta como quieras!
Parece una bola de madera (como el mangostín) pero sorprende por su poco peso, aunque es Sudamericana, la encuentras en algunos lugares en Indonesia y Filipinas, también en India!.  Refrescante, dulce y ácida con grandes semillas que explotan al morderlas…

CHOMPOO

Esta fruta es una mezcla rara… Por su forma podría ser una pera, tiene el color y la piel de la manzana y cuando la muerdes te sorprende la textura de la sandía! Fresca, aunque sin mucho sabor, y de piel bien roja… Algunas mujeres en zonas muy rurales de Camboya y Tailandia se frotan sin cesar los labios con la piel del Chompoo para sonrosarlos.
Como ocurre con muchas otras frutas del sudeste como la piña, papaya y mango verde…la mejor forma de comer Chompoon es acompañándolo con un mejunje de polvos rosados, mezcla de azúcar, sal y chiles varios… Increible contraste!!



Creo que nunca comeré tanta fruta por tan poco!!!!


Y aunque no sea fruta….
Quería hablaros de mi flor favorita del Sudeste, la que casi todos los días enredo en mi cabello… la DOK CHAMPA.
Si fuera un aroma, desearía ser el aroma de una Dok Champa!!!
Dulce y un poquito ácido.
Explosión de sensaciones fugaz.