miércoles, 31 de octubre de 2012

El Tren de Bambú, vestigio de una época e ingenio de un pueblo optimista.

Las gentes camboyanas son amables pero si algo son, sin lugar a dudas, son optimistas.
De nuevo, me encontraba frente a un pueblo ingenioso, como ingenioso te hace la necesidad…


Cuando los Jemeres Rojos subieron al poder en 1975 y continuando con el afán de aislamiento total de Camboya, destruir las líneas ferroviarias construidas durante la colonización francesa y los trenes se convirtió en una de las grandes prioridades del gobierno de Pol Pot.

Cuando el gobierno jemer cayó, el pueblo camboyano se enfrentaba a numerosos retos para reconstruir un país sin infraestructuras, de caminos peligrosos por las innumerables minas y asolado por continuas inundaciones.

A pesar de que no quedó en el país ninguna locomotora, la línea férrea entre Battambang y Phnom Penh sobrevivió más o menos intacta, lo que permitió idear un curioso sistema de transporte que comunicaba aldeas y poblaciones de difícil acceso en el noroeste del país.    


Plataformas de bambú alfombradas sobre antiguas ruedas de tanque reutilizadas y propulsadas por motores de motocicletas o lanchas recorrerían las destartaladas vías.
Del mayor de los ingenios, nacía el Tren de Bambú, un sistema casero para el transporte de personas y mercancías.


Original artilugio como original es la normativa que regula su tráfico…
Dado que las vías son únicas, el “tren” con más pesada mercancía y mayor número de pasajeros tiene preferencia.
Preferencia para quedarse en la vía mientras que del tren más ligero, que circula en sentido opuesto, se deben apear todos sus pasajeros y mercancías para ser desmontado y puesto a un lado del vial. Una vez pasa el tren preferente, se recompone, suben sus pasajeros y mercancía y continúa su camino…



En cualquier zona a lo largo de los casi 300 km de vía puedes encontrar aldeanos con enormes sacas de arroz, pollos o cualquier cosa imaginable dispuestos a saltar al tren.


Curioso ingenio de un pueblo que no mira atrás…


Afortunada de poder recorrer unos kilómetros en el tren de bambú antes de que desaparezca por completo de las vías camboyanas…

domingo, 21 de octubre de 2012

Templos de Angkor. Imperio fantástico en la espesura.


Entre la espesura de la jungla camboyana, junto al Lago Tonle Sap, se esconde el imperio de piedra de los reyes Khemer. 



Un lugar que te permite viajar en el tiempo. 
Un lugar mágico que te transporta a épocas remotas y te permite caminar entre los restos del mayor complejo religioso jamás construido.
Un asentamiento que acogió más de un millón de personas entre los siglos VII y XV.
Un Imperio rodeado de agua; el agua, que purifica y alimenta el alma, era también el mayor elemento de poder para los Khemers. 

Durante la época de mayor esplendor de Angkor, se construyó una impresionante red hidráulica. Obra de arte de la ingeniería khemer, con la que se almacenaba del exceso de agua recibido durante el monzón. La buena gestión de esta gran reserva natural permitía el cultivo de varias cosechas anuales de arroz, aún a pesar de periodos de sequía, con la generación de un consiguiente exceso de cereal con el que financió una mayor expansión del Imperio y se alimentaba a  la creciente población.


Angkor Wat es el principal y más representativo templo de todo el conjunto.
Dedicado al dios hindú Visnu, está formado por cinco torres de simetría perfecta que representan las cinco colinas del Monte Meru, la casa de los dioses y centro del universo hindú. 
En sus paredes, al alcance de la mano, puedes disfrutar del mayor bajorrelieve del mundo en el que se narra la mitología hindú.
Ocupando una superficie de dos kilómetros cuadrados, es el mayor templo religioso del mundo.






Bayon es el Templo que te mira…
Más de 200 rostros te observan entre la selva camboyana. Miradas y sonrisas enigmáticas, todas diferentes, te vigilan siguiendo los cuatro puntos cardinales mientras te pierdes en el templo.
La construcción está formada por 54 torres, que representan cada una de las 54 provincias que tenía en aquellos tiempos Camboya.





Las raíces de las Higueras Sagradas y los Kapok logran que el tiempo no haga escapar a las piedras que un día conformaron Ta Prohm.
Son raíces que atrapan los edificios de Ta Prohm igual que te atrapan desde el momento en que cruzas la entrada del templo. Parece que te traslades de un salto a un lugar irreal, un lugar fantástico en lo más profundo de tus sueños aventureros. Un lugar del que no deseas regresar…






Angkor es para mí un lugar irreal.
Pura fantasía se desata desde el fondo de tu ser en cuanto comienzas a vislumbrar la silueta de los primeros templos sobre las copas de los árboles.
De los lugares más espectaculares que he tenido la fortuna de disfrutar, pero a diferencia de otros, en Angkor te sientes totalmente libre.
Libre para soñar.
Sientes que cada paso te acerca a una nueva aventura.
A ratos eres un explorador en la jungla, machete en mano, apartando ramajes para encontrar el templo más sagrado.
Vuelves la mirada y cientos de elefantes esperan a que los engalanes con sus mejores vestimentas, listos para transportar desde la terraza de los elefantes alrededor del imperio  a reyes y reinas, príncipes y princesas durante un festival.  
En un momento, Angkor te transforma en la más hermosa de las Apsaras, princesa que baila en un palacio de gemas y brillantes.
Te escondes entre sus pasadizos. Subes escaleras que, para algunos no llevan a ningún lugar y para otros llevan al cielo…
Tras cada esquina, en cada nueva sala te esperan otras vidas que disfrutar, de las que aprender, con las que soñar. 




Fue apasionante compartir esta aventura contigo!. Gracias!! 


sábado, 20 de octubre de 2012

Camboya. La gente más hermosa con la historia más horrible.


He estado en lugares hermosos también en Camboya.
A ratos acompañada por viajeros con los que sólo he viajado en barco, a ratos, muchos ratos, sola.
Camboya, el país de la gente más hermosa con la historia más horrible.

Si no supiera que es cierta… no lo creería.  


Un día de abril en 1975, los Jemeres Rojos, vestidos de negro con sus pañuelos de cuadros rojos al cuello, llegaron a Phnom Penh y ordenaron desalojar la capital en cuestión de horas.
Pol Pot declaraba así el “Año Cero”, en el que la historia de Kampuchea empezaría a reescribirse.

Había que eliminar cualquier vestigio del pasado capitalista del país. Sólo los campesinos eran considerados ciudadanos ejemplares. El resto, fueron considerados peligrosos despojos capitalistas que debían ser “reeducados” o eliminados.
Se destruyeron vehículos a motor, siendo el carro de mulas el transporte nacional. 
Se quemaron bibliotecas y fábricas; se prohibió el uso de medicamentos…
Se ejecutaron a los altos funcionarios y a militares, a profesores, médicos y abogados. Después a quien hablara un segundo idioma, a quien llevara gafas o empastes…
Los ciudadanos pendientes de re-educación fueron enviados al campo, desalojando completamente todas las ciudades.
Se establecieron jornadas en los campos de arroz de más de 14h, se definió la producción de arroz que debía generar cada persona (aunque fuera imposible de cumplir), las raciones de alimento eran mínimas, se estableció incluso que cada trabajador debía producir 2L de orina al día destinada para la producción de abonos!.

Bajo el lema de “El que protesta es un enemigo; el que se opone, un cadáver”, los campos de exterminio de Camboya convertían al Dr. Menguele en un aficionado.

Los Jemeres Rojos, con Pol Pot al mando, estuvieron en el poder hasta enero de 1979. 
No hay cifras exactas pero se dice que uno de cada tres camboyanos fue víctima del genocidio del régimen.

1979!!!! Sólo 3 años después nací yo!!!
Es una historia tremendamente reciente que se siente constantemente cuando  comienzas a hablar con alguien, incluso gente joven, casi de mi edad, y te dicen:
“No tengo familia. A mis padres y hermanos los mataron los jemeres”, 
“Mi madre murió de una gripe porque no habían medicinas”, 
“Yo vi cómo mataban a mi padre. Ahí, junto a ese árbol”, 
“Dejé de ir a la escuela, porque no habían escuelas! Me mandaron a un campo de trabajo con 7 años”…

... y así miles de millones de frases que escuché al hablar con ellos por los caminos durante el mes que pasé en ese increíble país.

Pero la historia de invasión, sumisión y “colonización” de Camboya no terminó en 1979.
No es una historia “reciente”, es una historia Actual.


Sin dudarlo, de todo el Sudeste asiático, los camboyanos son el pueblo más encantador, aún teniendo una historia tan tremenda y aún en el consciente. 
Sólo cruzar una mirada se convierte en una sonrisa… Sonríen en todo momento. Sonrisas de verdad…
Un pueblo que encandila. Gente que enamora.




A pesar de sus increíbles gentes, Camboya fue para mí el país donde descubrí grandes miedos, sufrí terribles ataques de pánico y quedé, en más de una ocasión, totalmente paralizada en mitad de un camino en los campos.

Nunca jamás, antes de llegar a Camboya, había sentido verdadero “miedo”.
Miedo sin sentido, pero que te bloquea. 
Miedo que paraliza. 
Miedo que hiela la sangre. 
Miedo a nada visible. 
Miedo a ir donde fuera…
Pánico en la orilla del más hermoso río de espejo. 
Terror en una barcaza durante un atardecer espectacular. 
Aún pienso en esos momentos y puedo volver a sentir como se me cierra la boca del estómago, como siento ganas de correr en dirección opuesta, ganas de gritar, llorar y vomitar…

Adoro a sus gentes, pero ese país me conmovió, me bloqueó y hubo momentos en los que me rompió por dentro….